La traición del general Hux en Star Wars: El ascenso de Skywalker siempre quedó como uno de los giros con menos explicación de la película. En un momento clave, Hux admite que está ayudando en secreto a la Resistencia contra Kylo Ren, pero la historia apenas detalla qué lo llevó a tomar una decisión tan extrema. El cómic Star Wars: The Fall of Kylo Ren, escrito por Charles Soule e ilustrado por Will Sliney y Guru-eFX, llena ese vacío al mostrar los acontecimientos ocurridos entre Star Wars: Los últimos Jedi y Star Wars: El ascenso de Skywalker.
La obra conecta la decisión de Hux con su humillación tras la batalla de Hetzal Prime y con los abusos constantes de Kylo Ren. Al mismo tiempo, presenta la traición como un síntoma de un problema más profundo: la versión de la Primera Orden bajo el mando de Kylo tiene un enorme poder militar, pero carece de cohesión interna y de una base política capaz de sostenerla.
La batalla de Hetzal Prime deja a Hux en una posición vulnerable
El conflicto reúne a Kylo Ren, al general Hux y al almirante Enric Pryde, cuya rivalidad ya existía antes de la batalla. Kylo intenta imponer una tregua y ordena a ambos oficiales que dejen a un lado sus diferencias por el bien de la Primera Orden. Sin embargo, la operación pronto coloca a Hux ante una decisión que considera demasiado arriesgada.
Las fuerzas de la Primera Orden deben atravesar los escudos hetzalianos, pero los cañones de los Dreadnoughts empiezan a fallar. Si el ataque no consigue romper las defensas, la flota podría perder numerosas naves y una parte sustancial de sus efectivos. Hux ve el peligro de insistir, mientras que Pryde decide continuar el avance a pesar de las consecuencias potenciales.
La apuesta del almirante funciona. Las fuerzas de la Primera Orden consiguen imponerse a las defensas de Hetzal Prime y la operación termina con éxito. Kylo, sin embargo, recompensa a Pryde ascendiéndolo a general supremo, mientras Hux queda relegado y públicamente humillado. La decisión agrava una rivalidad que ya había enfrentado a los dos oficiales y confirma ante Hux que Kylo está dispuesto a favorecer a Pryde dentro de la cadena de mando.
La humillación no termina con la batalla. El trato abusivo de Kylo hacia Hux continúa, convirtiendo el resentimiento del general en algo mucho más personal. Aunque sus dudas sobre el riesgo militar de la operación eran razonables, el éxito de Pryde deja a Hux sin reconocimiento y refuerza su sensación de que no tiene un lugar seguro dentro del régimen.
La traición de Hux revela la fragilidad de la Primera Orden
En ese contexto, Hux decide proporcionar información a la Resistencia en secreto para perjudicar al Líder Supremo. Su acción es autodestructiva: al ayudar al enemigo, pone en juego su propia vida y su posición. Pero el cómic muestra que la decisión no nace únicamente del rencor personal. También es el resultado de una estructura de poder que convierte los conflictos internos en una amenaza para la supervivencia de la organización.
La Primera Orden de Kylo conserva la obsesión del Imperio por concentrar el poder militar, pero no cuenta con los fundamentos políticos que sostenían el régimen de Palpatine. Dispone de tecnología suficiente para intimidar a sistemas enteros, aunque esa dependencia de armas centralizadas también la vuelve vulnerable. La Base Starkiller destruye el sistema Hosniano, pero poco después es destruida, demostrando el riesgo de confiar en una única superarma para mantener el control.
El problema también afecta a la dirección de la Primera Orden. Snoke controla a Kylo, Kylo siente resentimiento hacia Snoke y Hux desprecia a Kylo. Bajo ellos, los oficiales deben desenvolverse en una jerarquía cada vez más irracional, marcada por rivalidades y castigos en lugar de una autoridad estable. El régimen puede imponer obediencia mediante el miedo y la superioridad militar, pero no logra construir una lealtad sólida.
La deserción de Finn refuerza esa idea. Su caso demuestra que el adoctrinamiento de la Primera Orden no garantiza una fidelidad absoluta. Incluso quienes han sido formados para servir al régimen pueden abandonarlo cuando la estructura que los controla pierde su capacidad de convencer, proteger o inspirar lealtad.
Por eso, la traición de Hux funciona en dos niveles. Es una venganza personal contra Kylo Ren y una consecuencia directa del abuso que ha sufrido, pero también expone la debilidad sistémica de la Primera Orden: una potencia con una capacidad de destrucción aterradora, pero con un liderazgo poco cohesionado, rivalidades severas y una autoridad basada principalmente en el miedo.
Que un general capaz esté dispuesto a sacrificarlo todo por honor y resentimiento resume el fracaso del régimen. La Primera Orden puede conquistar territorios y desplegar una fuerza militar descomunal, pero no consigue crear un liderazgo legítimo y estable. En ese sentido, la decisión de Hux no es una anomalía dentro de su estructura: es la consecuencia lógica de un sistema que termina enfrentando a sus propios dirigentes.



